Guatemala y los caprichos de la suerte

Publicado el 7 Septiembre 2010
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Guatemala está devastada por las inundaciones que han provocado las lluvias incesantes. Este hecho, irrefutable, puede indignarnos, apenarnos, tocarnos la fibra sensible o, simplemente, dejarnos indiferentes. ‘Qué mala suerte tienen, entre huracanes, lluvias y terremotos, la verdad es que están hechos polvo’. Ése tipo de indiferencia es el peor. La suerte es caprichosa, sí, hay quien nace con una estrella y hay quien es un imán para las desgracias; pero no es éste el lugar para un debate filosófico acerca de la existencia o no de eso que llamamos suerte. Guatemala es un país empobrecido, carente de recursos y con unos índices de desarrollo que están a la cola de América Latina. Además de enfrentarse a los retos que, ya de por sí complicados, ofrece el desarrollo del país, ahora tienen que empezar de cero porque la lluvia les ha complicado la existencia.

No vale con pensar ‘qué mala suerte’ y ayudar con unas pocas remesas a que reconstruyan los precarios edificios que había antes. ¿Por qué no invertimos esos recursos en enseñarles cómo resistir a las catástrofes naturales? ¿Por qué no les damos los medios para que la próxima vez que ocurra no les deje devastados? Pensamos que la Naturaleza se ceba con los pobres, sin embargo el problema no es ése. La Naturaleza es igual para todos, con la salvedad de que nosotros podemos afrontarla y ellos no. Esas lluvias en Europa no hubieran sido catastróficas. La economía del país, en este caso Guatemala, pero aplicable a muchos más; no necesita parches, necesita un tejido nuevo. La BBC hablaba el domingo de cien personas sepultadas por un alud de tierra que cayó sobre una carretera. No permitamos que eso ocurra más.

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