Depósito o Fondo de inversión

Publicado el 26 Abril 2013
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7A comienzos del pasado año 2012 veía la luz un informe que ciertamente no ha trascendido con toda la importancia que los datos que portaba hacía prever, un informe en el que se realizaba el modelo de ahorro familiar implantado en nuestro país en la última década fundamentalmente aunque en un contexto histórico más amplio.

El resumen de dicho informe aporta un dato incontestable; cerca del 80% del ahorro familiar de nuestro país se encontraba directamente invertido en ladrillo.

Si tomamos como referencia el punto álgido del precio de la vivienda en nuestro país (año 2007) y las sucesivas caídas anuales de dicho precio que acumulan desde entonces a fecha de hoy cerca del 35% de disminución de dicho precio, la conclusión a la que llegamos es simple y preocupante: el valor del ahorro familiar en nuestro país ha caído de manera más que notable.

Independientemente de que se conozca el contenido de este informe o no lo cierto es que al pequeño y mediano ahorrador no se le escapa esta situación, y la búsqueda de destinos activos para sus capitales en ahorro se plantea dudas como la que puede surgir en la elección entre un depósito o los fondos de inversión.

A favor de los depósitos debemos consignar, como de costumbre, que independientemente de los movimientos que recientemente se dieron en Chipre, los depósitos de hasta 100.000 € siguen considerándose (gracias a encontrarse protegidos por el fondo de garantía) una apuesta segura en lo que a recuperación de capital más rentabilidad se refiere, sin embargo en el lado opuesto se encuentra el hecho de la rebaja sensible de los tipos de interés a los depósitos de larga duración recientemente implantada.

En el apartado de los fondos de inversión, además de la propia versatilidad de los productos, no hace falta más que una consulta a cualquier buscador de fondos para darnos cuenta de la enorme cantidad de oferta existente, con una variedad que acerca a todos los perfiles de inversor a dicho producto, en su contra, y el caso de los productos más arriesgados, se encuentra obviamente la falta de seguridad que el producto puede llegar a presentar aunque con techos de rentabilidad mayores (y obviando el hecho de la existencia de un amplio catálogo de fondos de inversión garantizados).

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